miércoles, 12 de mayo de 2010

La guerra

No es así solo que escriba sin más las letras. No es únicamente de las paradas ahogadas para autobuses ahogados, cansados de ser solo la noche, que persiste invierno en caída libre. No es tan solo de nominar las formas intangibles y hacerlas sucesión imprecisa, como si el miedo se encontrase al llegar más que al salir. No es la huida, ni el túnel congelando la luces últimas, ni tu cuerpo sobrio -o no tan sobrio- expirando años, sueños, caparazones de papel y verso tras las ventanas que abro cuando te hago el amor. No es el origen ni la razón que no existe. No por la filosofía de los hombres grandes ni por la filosofía de los bolsillos desterrados.

Si acaso este saberse de extranjero que no anula las horas… -aunque tampoco.

Y es que puedes verte a ti sujetando estos papeles en las manos, a mi escribiendote con mi gato sujetado al marco de la ventana -y no sé si es una cría o quiere suicidarse- a todas las personas ahí fuera, viviendo sus vidas; a toda la gente del mundo. E incluso los que nazcan hoy, todos, dentro de cien años, habremos muerto.

Y estaremos muertos toda la eternidad.

Así afirmo la guerra. El combate libre por la libre voluntad del espíritu dinámico del hombre que se niega a someterse.

Así afirmo la guerra. Que si nada tiene al final sentido, el espíritu debe al menos enfrentarlo, no narcotizarse.

Así afirmo la guerra.

Y tres veces la firman mis verbos, la sangre…

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