
y las cubre el manto
de hielo erizado, alas a punto
de ser viento y cortar las puertas
y la espalda
al fondo del acantilado
abierto contra la boca
de la inmensidad, pronombre astilla
del salto vértigo del
verbo deshaciendo en palomas
los siete prófugos
de la doliente identidad -fantasmas
huyendo de letra al cuerpo
gastando el ángulo de la vertical
espera de asistirse al propio nacimiento, en descenso
el tiempo de este mes azul
como la tumba de dios
y sus treinta y un cadáveres de folio blanco
que ni en seis siglos de dormir a solas
darían a pago un aire otro que acompañase
la costumbre de arañar el paladar
con el cuchillo ajeno, el amor de
aquello que no es
propio
gastando a nube derramada
la tierna espera
de almozarse el mismo estómago y deglutirse
el hombre, la división final, hasta el comienzo
de la inercia
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