miércoles, 21 de abril de 2010

...y te haré un poema (vamos, el primero)...

y este ser de día y loco
desatado que torna ahora a
converger en las letras de tu voz, en
los ejes y límites
de tu cuerpo sobre
el nombre y los maizales y el asfalto
poco y pobre
de los suelos de la casa

estoy en ti
como la ciudad domesticada
a los ojos y farolas por las noches,
abierto y vulnerable, así
sin ruido, en sombras
para tu huida del insomnio y las avenidas
de los pájaros que atropellaron volando
a ras de suelo

y quizá mayo traiga la palabra
del comienzo, o las alas
que no bastan de clavos cobardes
sujetando las esquinas cobardes
de una vida cobarde

vamos,
de una vez por todos y por todas
las veces
que cerraron con grilletes los
ojos cansados de los últimos niños
de la ciudad

la esperanza
nunca tendrá terrenos baldíos
para quienes no temen la muerte
ni la vida

Todos los jueves a partir de las 20:30 los maniquíes se pintarán de letra en el rincón de la poética subersiva y desafiante. Repito: ¡Se buscan poetas! Remuneración: la libertad y el territorio conquistado de los sueños.

miércoles, 14 de abril de 2010

Cosa 1

La conexión definitiva con el Todo y la última realidad descansa en la verdad.

Como un aliento de océano que pone en paz el corazón y descansa la piel después de haber caminado una hora bajo el sol de la casa a la playa, con su integridad por debajo de las olas.

Una verdad tan profunda, tan incontestable, tan desatadamente serena que su realización significa siempre perfección, origen, paz. Su aparición siempre metamorfosis. Y es que

no es
hasta que todo se estremece
que cada cosa ocupa el lugar que le corresponde.

La gota volviéndose infinita, conociendo la inmensidad por el ojo de la inmensidad. Así fue que

"la muerte ha sido conquistada en la victoria.
He aquí os cuento un misterio:
No todos dormiremos,
pero todos seremos transformados"

1ª Corintios 15:41,45b

domingo, 11 de abril de 2010

Esta afirmación

No permitas que

estalle, atardeciendo el número

impreciso; no que se desplomen

los naufragios al desierto

como si fueran sal, la corona

de ennegrecerse y los vestidos más arriba,

de la última vez que no supiste

quien.



No habrá dos

para quien no comprendió el primero

y somos pocos - éramos pocos entonces

y el suicidio,

el diablo

y la bebida

se encargaron del resto- así que no,

no permitas que se lleven

las palabras, el alfabeto

que domestiqué al amarte,

nuestra metáfora de imperfección.



Mas alguna vez

has de enterrarte del mundo

y su crujido...

A vez alguna este

temblar de viento tras las puertas

y tú, y nadie

de mí ni de nosotros...



Que hasta el agua de los mares

ha de morir atravesada para

esta afirmación de ser

y ser humano

siempre, en forma, tiempo, la imagen

del devenir,

los días...

martes, 6 de abril de 2010

Letra a la distancia de ti

Crujió por el pulmón derecho y a medio adán.

Nació con los verbos astillados, en los días en que a las pupilas clavaban el sol convexo de la infancia, vuelta ya de sí misma al otro lado.

No tuvo canción ni platos de familia donde morder burbujas de plástico, ni lunes o costumbres estúpidas con que intoxicarse. No tuvo lluvia ni agosto ni siete meses ni lugar al que volver.

Ellos le llamaron hombre porque le brotaban ramas.
Él se hizo a media sombra, medio mar donde esconder su rostro.

Y al final, crujió. Por el pulmón derecho y por la fuente de sangre, de boca a las letras y a pleno grito, hecho de sí el equilibro del plano y la matemática pura de humanidad.

Se fue hace mucho tiempo en busca de su nombre,
a medio adán siempre
y todavía,
tras la canción de eva y su pulmón izquierdo.

viernes, 2 de abril de 2010

Locura

-A veces sueño cosas extrañas -le dijo mientras pasaba su mano encallecida por su temprana impronta de canas.

-¿Cosas extrañas? -susurró ella levantando la cabeza. La luz blanca del cuarto daba un aspecto atemporal a su rostro, bordeado de aquella larga cabellera violeta, como un río de luna impura dehaciendo un encantamiento de nieve y montaña y lobos de pelo hirsuto y estirpe real-. Extrañas...¿como qué?

-No sé -replicó irguiéndose sobre el catre pequeño y clavando la mirada en la pared desnuda como si fuera un horizonte esperando a kilómetros de distancia-. Sueño que veo una extensión infinita de color azul en movimiento, y algo parecido a un somier de madera cónvaco que surca sus ondulaciones, y tu y yo, y estamos fuera, y estamos solos, y vemos el cielo, de nuevo, ¿sabes?, por dios, el cielo... Y escucho música de nuevo, y bailamos y hacemos el amor bajo las estrellas y... no sé... cosas extrañas... -apartó los ojos de la pared y la observó con calma inquisitiva, escrutando si le había comprendido o no-. ¿Crees que estoy loco?

Ella le miro, sonriendo. Ella siempre le sonreía. A otros les habían asignado compañeras que sólo mantenían con ellos la cordial relación, siempre esterilizada de emociones y pasión, de la procreación. Pero ella siempre le sonreía, y le hablaba y le escuchaba. No podía comprender claramente aquella sensación por mucho que buscara. No había nada, ni en el más recóndito de los rincones de su cerebro cibernético, que pudiera explicarla, y eso le turbaba. Sabía lo que hacían con los defectuosos, los acusados de espionaje y sedición. Y sabía lo que hacían con sus compañeras.

Ella pudo leer el temblor de su rostro y, sin dejar de sonreír, apoyó su cabeza sobre su pecho y le susurró al oído.

-Si, me temo que lo estás. Completamente loco, chiflado, has perdido la cordura y la decencia -dijo sin un ápice de duda en su voz-, pero te contaré un secreto -y entonces le abrazó. Y cuando estuvo segura de que el latido de sus marcapasos se había sincronizado de nuevo, suspiró lenta y suave, como si cantase una melodía de cuanto todo estaba bien aún-: todos los grandes hombres lo están.

Y fuera, el murmullo de los guardias en el recinto se hizo lejano.

Y el se durmió en sus brazos.

Y soñó con ella.

Y con el mar, eso que para él no tenía ya nombre siquiera.

Y es que hay cosas que ni el tiempo ni el silencio ni la soledad ni la sumisión podrán jamás borrar del alma del ser humano.

Canción de espera y viaje

Sé que volverá mi viaje.
Late la realidad en las paredes de los edificios, más nueva, más brillante, como era entonces cuando yo...
Y no había nadie que esperase ni nadie a quien esperar. Y mis pasos eran sobre las nubes, transformándose en el tiempo, a cada instante... incesantes, vivos, simples.

Y ahora agosto vuelve a la puerta a pedir explicaciones, y todas las libretas a medio escribir responden del aprendizaje y los días.

Que ha pasado el tiempo, y eso, bien nos pese mal o no, es invariable.

Ni tan nuevo, ni tan viejo, ni tan sabio, ni tan lleno, ni tan muerto.

Sé que volverá mi viaje.