Crujió por el pulmón derecho y a medio adán.
Nació con los verbos astillados, en los días en que a las pupilas clavaban el sol convexo de la infancia, vuelta ya de sí misma al otro lado.
No tuvo canción ni platos de familia donde morder burbujas de plástico, ni lunes o costumbres estúpidas con que intoxicarse. No tuvo lluvia ni agosto ni siete meses ni lugar al que volver.
Ellos le llamaron hombre porque le brotaban ramas.
Él se hizo a media sombra, medio mar donde esconder su rostro.
Y al final, crujió. Por el pulmón derecho y por la fuente de sangre, de boca a las letras y a pleno grito, hecho de sí el equilibro del plano y la matemática pura de humanidad.
Se fue hace mucho tiempo en busca de su nombre,
a medio adán siempre
y todavía,
tras la canción de eva y su pulmón izquierdo.
martes, 6 de abril de 2010
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