desatado que torna ahora a
converger en las letras de tu voz, en
los ejes y límites
de tu cuerpo sobre
el nombre y los maizales y el asfalto
poco y pobre
de los suelos de la casa
estoy en ti
como la ciudad domesticada
a los ojos y farolas por las noches,
abierto y vulnerable, así
sin ruido, en sombras
para tu huida del insomnio y las avenidas
de los pájaros que atropellaron volando
a ras de suelo
y quizá mayo traiga la palabra
del comienzo, o las alas
que no bastan de clavos cobardes
sujetando las esquinas cobardes
de una vida cobarde
vamos,
de una vez por todos y por todas
las veces
que cerraron con grilletes los
ojos cansados de los últimos niños
de la ciudad
la esperanza
nunca tendrá terrenos baldíos
para quienes no temen la muerte
ni la vida
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